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BIBANDORRA Blog de la Biblioteca Pública de Andorra(Teruel)

Miguel Mena: Piedad

Miguel Mena: Piedad

A continuación presentamos una sugerencia realizada por un miembro de nuestro club de lectura, sobre uno de los últimos libros leídos:

Una reflexión sobre la esperanza

Ilustrado con más de cien fotografías que ha ido coleccionando el autor de esta obra llamada Piedad a lo largo de vida,  son el complemento ideal que utiliza Miguel Mena para narrarnos junto a otros textos independientes uno de otro la recopilación de una especie de memoria de algunos acontecimientos que invitan inevitablemente a la reflexión.

Piedad podría haber sido –y de hecho creo que lo es si no lo planteamos desde punto de vista de la nostalgia y la sensibilidad- un libro de poemas en el que el juego de la memoria se adentra hasta lo más hondo del alma humana, justo donde fluyen los sentimientos.

Esta obra parece haber sido escrita, tras un primer vistazo, como de una forma anárquica, pero, conforme la vamos leyendo y analizando, también denotamos que parece haber un guión preestablecido por el autor donde cada párrafo parece estar enlazado con el siguiente a través de un personaje central que es el niño sin voz, el hijo de Miguel Mena, Daniel, afectado de una enfermedad mental conocida como síndrome de Angelman.

Es difícil para mí elegir cual de los textos de la obra me ha impresionado más, pues todos me trasmiten, en muy breve espacio de su lectura, una notable emoción que podría ser de pena, de dolor, de incertidumbre, de pasión, de amor, de piedad… Piedad es un buen título para esta obra, pues terminada la lectura nos incita a que miremos a nuestro alrededor, comprobemos por nosotros mismo que realmente esas fotos y esas descripciones no se alejan en absoluto del mundo real en el cual vivimos, y que tal vez, como ocurría en otros tiempos, aún nos cuesta aceptar que existen personas que se no se ajustan a los patrones preestablecimos para eso que la mayoría de personas siguen llamando normales.

En Piedad no sólo aparecen personajes que, como David, el hijo del autor, se apartan de ese falso concepto de la normalidad que tanto queremos asumir como el único camino para ser feliz, también aparecen momentos y lugares, y brotes de esperanza mezclados con los potenciales dolores de los acontecimientos más atroces. Ser feliz o estar triste no es algo que dependa sólo de la capacidad mental de cada individuo para sentirse así, ni del estado económico, ni de una planificación cuadrada de nuestros actos. Ser feliz o caer en la depresión es también un azar que viene determinado por las circunstancias que nos rodean, por el paisaje, por las personas con las que compartimos el café o la tertulia diaria o sencillamente porque nos conformamos con muy poco: una simple sonrisa, una caricia en el momento menos esperado o unas palabras tan sinceras como cariño, te quiero.

Mariano Martínez Luque

 

 

 

 

 

 
  
 

 

 


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